"Damos forma a nuestros edificios y luego nuestros edificios nos dan forma", reflexionó Winston Churchill en 1943 mientras consideraba la reparación de la Cámara de los Comunes devastada por las bombas. Más de 70 años después, sin duda le agradaría saber que los neurocientíficos y los psicólogos han encontrado muchas pruebas para respaldarlo.
| Vancouver, un lugar favorito para vivir |
Sin embargo, los arquitectos urbanos a menudo hemos prestado escasa atención a los posibles efectos cognitivos de sus creaciones en los habitantes de una ciudad. El imperativo de diseñar algo único e individual tiende a anular las consideraciones sobre cómo podría moldear los comportamientos de quienes vivirán con él. Eso podría estar a punto de cambiar.







